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BIOGRAFÍA DE Ruiz de Cabañas y Crespo, Juan Cruz
 
 
Ruiz de Cabañas y Crespo, Juan Cruz
Nace el 3 el mayo de 1752, en la villa de Espronceda, provincia de Navarra, España, hijo del matrimonio formado por Tomás Ruiz de Cabañas y Hernández y la señora Manuela Crespo y Desoxo;
Los señores Tomás y Manuela se caracterizaron por ser sumamente religiosos y caritativos, al grado de que convirtieron una habitación de su propia casa en un asilo común para los más pobres del lugar, formando así, con el ejemplo en sus hijos, una auténtica conducta cristiana.
Desde su niñez, Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo se vio adornado de las más bellas cualidades y virtudes, razón por la cual se ganó el aprecio y consideración de todos aquellos que lo conocían.
Desde pequeño fue manifestando su gusto por la vida consagrada, intención que lo llevó a una respuesta siempre generosa y recta en su sentir vocacional, como un camino de santidad y entrega.
Sus primeros años de vida sacerdotal los dedicó a la enseñanza y actividades secundarias que se le encomendaban, dada su enorme capacidad y la confianza que en él depositaban sus superiores, siendo así que, a pesar de su corta edad, se le nombró rector del Mayor y Viejo Colegio de San Bartolomé. Años más tarde, por encargo del Obispo José Ramírez de Arellano, asumió la rectoría del Seminario, cargo en el que consagró todas sus energías; esfuerzo que se vio bien recompensado, pues al poco tiempo este plantel llegó a ser uno de los mejores de la Península Ibérica.
El Rey Carlos IV, conocedor de las obras y virtudes de Ruiz de Cabañas, no dejó pasar la primera oportunidad para promoverlo al Episcopado, y al quedar vacante la Diócesis de León, en Nicaragua, a fines de 1792, lo presentó como candidato, promoción que no rechazó Su Santidad Pío VI, dándole el nombramiento el 12 de septiembre de 1794. Así, recibió la Consagración episcopal en España el 19 de abril de 1795, pero sorpresivamente, un mes después, se publicó la presentación del señor Ruiz de Cabañas como Obispo de Guadalajara, en la Nueva Galicia, razón por la cual jamás llegaría a ocupar la sede episcopal de León, para mejor trasladarse a la Perla Tapatía.
El Obispo Cabañas ingresó solemnemente a la ciudad de Guadalajara el 3 de diciembre de 1796, dando prontas muestras de sus virtudes y carácter.
Son muchos los hechos que demuestran su prontitud a socorrer a los más necesitados, costumbre que aprendiera desde pequeño de sus señores padres; así se manifestó, por ejemplo, el mismo día en que tomara posesión de estas tierras, cuando se le preparó un banquete de recibimiento, y al ver el obispo tal lujo y derroche sucedió lo siguiente: refiérese que en los momentos en que comenzaría la comida, el señor Obispo se dirigió a uno de los encargados, preguntándole si no había pobres en esa ciudad, porque él observaba un derroche innecesario de alimentos; ante lo cual, el responsable contestó: «No se preocupe, Su Eminencia, tiempo habrá después para ocuparnos de los pobres; por ahora le ruego que se siente a disfrutar este banquete que hemos preparado en su honor»; el señor Cabañas se limitó a responder que se sentiría más honrado si se dispusiera que los pobres participaran también de ese banquete. Ante la insistencia del Obispo, se dispuso que más de cincuenta pordioseros se sentaran a la mesa al lado del nuevo Obispo de Guadalajara, cuyos invitados quedaron asombrados ante aquel hecho.
Fue al señor Cabañas, siendo obispo, a quien le tocó vivir la sangrienta década de la guerra iniciada por Hidalgo y terminada por Iturbide; presenció la creación del Primer Imperio y coronó, él, a Agustín de Iturbide como Emperador de México; fue testigo, también, de la creación de la primera República; de la intervención de la masonería, un desencadenado empobrecimiento de sus habitantes y muchas otras cosas más.
El Obispo Cabañas visitó insistentemente su territorio diocesano, no obstante lo extenso de éste, lo que le permitió conocer y amar más la porción a él encomendada, por tal motivo, sus resoluciones ante los distintos problemas fueron acertadas, puesto que partían del conocimiento y contacto que tenía con la gente de este territorio; todo esto lo llevó a formar casas de caridad y misericordia en Aguascalientes, Jerez, Sayula y Tepic, con la finalidad de socorrer a los más necesitados, particularmente los niños.
Desde que llegó a Guadalajara comenzó a fomentar el culto eucarístico, recomendando con insistencia a los padres de familia que hicieran comulgar a sus hijos desde la más temprana edad, en cuanto tuvieran la suficiente discreción para prepararse digna y fervorosamente a recibir el Sacramento.
Asimismo, se destacó en el ramo de la educación, ya que no contento con todo lo que había hecho en pro de los centros educativos ya existentes, se propuso fundar varias escuelas en el territorio diocesano; para el sostenimiento de estos centros destinó una suma económica anual, que durante varios lustros ayudó en gran parte a resolver los problemas de dichos planteles.
En la primera quincena de junio de 1824, el Obispo Cabañas salió de Guadalajara con objeto de visitar pastoralmente la zona noroeste de la Diócesis. Por ser tiempo de lluvias y su avanzada edad –72 años–, fue para él un viaje fatigoso, razón por la cual, al pasar por la Estancia de los Delgadillos, de San Pedro Apulco, debió permanecer en ese lugar para atenderse, pero al sentirse cada vez peor, solicitó los últimos Sacramentos, que recibió con devoción y humildad; finalmente murió en aquella localidad, a las 5:00 de la tarde del 28 de noviembre de 1824.
En la vida de tan ilustre pastor, indudable que el Hospicio es la obra que más ha inmortalizado el nombre de este obispo. Esta casa de misericordia, uno de los más grandes edificios de la Perla Tapatía, es una construcción orgullo de la ciudad y admiración de los visitantes, que se inició en 1808, pero que no se abrió la matrícula sino hasta el 1 de febrero de 1810, recibiendo 66 niños pobres, a quienes se proveyó de vestido, calzado, techo, alimentos y educación. Por desgracia, a los pocos días de su apertura tuvo que ser cerrado, a causa de la Guerra de Independencia, abriendo sus puertas de nuevo hasta el 15 de febrero de 1829.
No solamente en Guadalajara fundó el señor Cabañas instituciones de caridad, ya que en otras ciudades se encuentran obras semejantes al Hospicio, que aunque menores en sus dimensiones, son similares en calidad para con los más necesitados. Otras de sus grandes obras son el Templo de San Felipe Neri, de esta ciudad; el Sagrario Metropolitano, el Santuario de Nuestra Señora de Zapopan, el primer Seminario Conciliar, hoy Museo del Estado, entre tantas más.

 

 
( 1752 - 1824 )

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